Deja todos tus planes en manos de Dios
“Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.”
Reflexión
Todos hacemos planes.
Pensamos qué queremos conseguir este año, dónde queremos estar en unos meses, cómo mejorar nuestro trabajo, cómo cuidar a nuestra familia, qué cosas queremos comprar o qué sueños queremos alcanzar. Tener planes no está mal. De hecho, es bueno soñar, trabajar y prepararnos.
El problema aparece cuando queremos controlar cada detalle.
Queremos saber cuándo llegará la respuesta, cómo se resolverá el problema, qué va a pasar mañana y cuál será exactamente el resultado de cada decisión. Y cuando algo se sale de nuestro plan, nos llenamos de ansiedad.
Por eso Proverbios 16:3 nos da un consejo sencillo, pero profundo: “Encomienda a Jehová tus obras.”
En otras palabras: haz tus planes, trabaja por ellos, pero no los cargues tú solo.
Hay una gran diferencia entre decirle a Dios: “Señor, bendice lo que yo ya decidí”, y decirle: “Señor, este es el deseo que tengo, pero si el camino que estoy tomando no es el correcto, muéstramelo”.
La segunda oración requiere confianza.
Quizás estás buscando un trabajo y has enviado muchas hojas de vida. Quizás estás comenzando un negocio, esperando una oportunidad, tomando una decisión familiar o tratando de salir adelante con un proyecto que todavía no da los resultados que esperabas.
Haz tu parte.
Prepárate. Trabaja. Pregunta. Intenta. Aprende. Corrige cuando sea necesario. Pero no olvides entregarle el proceso a Dios.
Porque a veces creemos que una puerta cerrada significa que Dios no nos escuchó. Y quizá simplemente está evitando que entremos en un lugar que no nos conviene.
También puede ocurrir que Dios no cambie inmediatamente las circunstancias, sino que primero cambie nuestra manera de enfrentarlas.
Cuando ponemos nuestros planes en sus manos, aprendemos a decir: “Señor, yo quiero esto, pero confío en ti incluso si tienes algo diferente”.
Eso no siempre es fácil.
A veces tendremos que soltar una idea que nos encantaba. A veces tendremos que empezar de nuevo. A veces tendremos que esperar mucho más de lo que queríamos.
Pero confiar en Dios significa entender que no necesitamos conocer todo el camino para dar el siguiente paso.
Hoy puedes llevarle a Dios tus planes tal como están. Tus proyectos, tus preocupaciones, tus sueños y también esos planes que todavía no le has contado a nadie.
Dile lo que quieres.
Pero también dile: “Señor, si este camino no es para mí, dame la humildad para aceptarlo. Y si sí lo es, dame fuerzas para caminarlo”.
Porque cuando Dios ocupa el centro de nuestros planes, dejamos de vivir tratando de controlar el futuro y comenzamos a caminar con confianza.
Oración
Señor, hoy pongo delante de ti todos mis planes.
Tú conoces esos sueños que me emocionan, pero también sabes cuáles me preocupan. Conoces las decisiones que tengo que tomar, las oportunidades que estoy esperando y esas cosas que quisiera resolver de una vez.
A veces quiero tener todo bajo control. Quiero saber qué va a pasar, cuándo va a pasar y cómo terminará cada situación. Me cuesta esperar y me cuesta aceptar cuando las cosas no salen como las imaginé.
Por eso hoy quiero entregarte mis planes de verdad.
No solamente quiero pedirte que bendigas lo que yo ya decidí. Quiero tener un corazón dispuesto a escucharte. Si voy por un camino que no me conviene, dame la valentía para detenerme. Si una puerta se cierra, ayúdame a no pensar inmediatamente que todo salió mal. Y si me abres una puerta, dame sabiduría para reconocerla.
Ayúdame a hacer mi parte sin vivir desesperado por los resultados. Enséñame a trabajar con responsabilidad, pero a descansar en ti.
Cuando tenga miedo de equivocarme, recuérdame que puedo buscar tu dirección. Cuando algo tarde más de lo esperado, dame paciencia. Y cuando mis planes cambien, ayúdame a confiar en que mi vida no se salió de tus manos.
Señor, toma mis sueños, mis pr