Nunca te canses de hacer el bien
“Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.”
Reflexión
Hay algo que puede cansarnos mucho: hacer el bien y sentir que nadie lo nota.
Ayudas a alguien y ni siquiera recibes un “gracias”. Das un consejo con cariño y la persona termina haciendo lo contrario. Estás pendiente de tu familia, trabajas, cumples con tus responsabilidades, ayudas cuando puedes y, aun así, parece que todo lo que haces pasa desapercibido.
Entonces aparece una pregunta en el corazón: “¿Para qué seguir haciéndolo?”
Y es precisamente ahí donde estas palabras de Pablo cobran fuerza: “No os canséis de hacer bien”.
Dios sabe que nos podemos cansar. No nos está diciendo que nunca sentiremos agotamiento. Nos está animando a no permitir que el cansancio, la decepción o la falta de reconocimiento cambien nuestro corazón.
Porque hacer el bien no siempre trae aplausos. A veces nadie sabrá que fuiste tú quien ayudó. Nadie verá esa oración que hiciste por una persona. Nadie sabrá que te quedaste hasta tarde trabajando para sacar adelante a tu familia. Nadie conocerá esa vez que decidiste callar una respuesta hiriente para no empeorar una discusión.
Pero Dios sí lo sabe.
Y eso cambia las cosas.
Como cristianos, no hacemos el bien únicamente porque esperamos recibir algo a cambio. Lo hacemos porque Cristo nos enseñó otra manera de vivir. Él nos mostró que amar, servir, perdonar y ayudar también son formas de reflejar a Dios.
Ahora bien, hacer el bien no significa permitir que los demás abusen de nosotros. También necesitamos aprender a decir “no”, poner límites y reconocer cuándo ayudar puede terminar haciéndonos daño. La bondad necesita sabiduría.
Quizás últimamente estás cansado de ser quien siempre ayuda. Quizás sientes que das mucho y recibes poco. Antes de cerrar tu corazón por completo, detente un momento.
No permitas que una mala experiencia te convierta en alguien que ya no quieres ser.
Si puedes ayudar, ayuda. Si puedes animar, anima. Si puedes perdonar, perdona. Si puedes tender una mano, hazlo.
Y si estás demasiado cansado, descansa. Entrégale ese cansancio a Dios. Él también puede renovarte.
No necesitas hacer grandes cosas todos los días. A veces hacer el bien será escuchar a alguien cinco minutos, preparar una comida con amor, cumplir honestamente con tu trabajo, tener paciencia con tus hijos o mandar un mensaje a esa persona que sabes que está pasando por un momento difícil.
Nunca subestimes una pequeña acción hecha con un corazón sincero.
Puede que para ti sea algo sencillo, pero quizás Dios lo está usando para sostener a alguien que estaba a punto de rendirse.
Así que sigue.
No porque todos lo vayan a reconocer.
Sigue porque Dios conoce tu corazón y porque hacer el bien todavía vale la pena.
Oración
Señor, tú sabes que algunas veces me canso de hacer el bien. Me canso de dar, de ayudar, de tener paciencia y de intentar hacer las cosas correctamente cuando parece que nadie lo valora.
Hay momentos en los que me pregunto si vale la pena seguir siendo amable cuando otros no lo son conmigo. Si vale la pena ayudar cuando no recibo nada a cambio. Si vale la pena perdonar cuando todavía me duele lo que me hicieron.
Hoy quiero entregarte ese cansancio.
No permitas que las decepciones endurezcan mi corazón. Ayúdame a seguir siendo una persona que ama, que sirve y que puede hacer el bien sin necesitar aplausos.
Pero también dame sabiduría, Señor. Enséñame a ayudar sin olvidarme de cuidar lo que tú me has confiado. Dame valor para poner límites cuando sean necesarios y discernimiento para saber cuándo debo extender mi mano y cuándo debo simplemente orar y dejar que tú actúes.
Cuando sienta que nadie ve mis esfuerzos, recuérdame que tú sí los ves. Cuando crea que mi pequeño acto de bondad no cambia nada, ayúdame a confiar en que tú puedes usarlo de maneras que yo jamás conoceré.
Renueva mis fuerzas cuando esté agotado. Devuélveme la alegrí